Abrazos

En 21 días que estuve en Japón no abracé a nadie. Estoy segura. Se que a Yota le agarré el brazo y anduve un rato de la mano con Yuki pero abrazar, no abracé a nadie. Me acuerdo de mi primera presentación en la Universidad. Les miraba las caras tratando de entender si estaban contentos, si eso les servía. Nunca pude. Yota dijo que iba a estar tres semanas que traten de pasar tiempo conmigo y compartió un calendario. Todos pusieron una hora en algún momento. Al principio me gustó la idea pero después me daba lástima. ¿Lo hacían porque querían? Qué embole tener que pasar tiempo con alguien que no conoces hablando un idioma que no es el tuyo.

 

Una vez me pidieron que los acompañara a una entrevista. Querían ofrecer pasantes extranjeros en una empresa pero al final sólo les interesaba recibir chinos, no había suficiente personal que hablara en inglés. Fui con Rii. Rii estudiaba comercio internacional. Me encantaba su nombre y ella además sonreía todo el tiempo, chiquita, con camisa y pantalón perfectamente planchado, el pelo medio rojizo agarrado con dos hebillas negras. No entendí mucho qué paso porque la reunión empezó en inglés pero después terminó en japonés. Me acuerdo del almuerzo. Comí una bento box, la idea de que tu comida venga en cajita, hasta el postre, me parecía genial. Cuando terminamos Rii me regaló una grulla, no sé bien cuándo la hizo. Me la dió justo antes de tomar el tren para el otro lado.

 

**

 

La chica a la que choqué tenía una botas muy lindas. Eran blancas con tachas. Estaba nerviosa, pero no me puteó. En realidad si lo mirabas casi ni se notaba el bollo en su auto. Nos sacamos fotos de la licencia y del seguro. Tenía el pelo recogido, bien tirante para atrás y un poco de maquillaje. Quise abrazarla, decirle que estaba todo bien, que mi seguro era bueno y que lo iba a poder reclamar. No dije nada de eso, la miré y contesté, ya llamo al seguro, quedate tranquila.

 

La chica del seguro me hizo muchas preguntas. No entiendo por qué si cada dos por tres llamo a decir que choqué. ¿Es Calle Libertador o Avenida Libertador? Escuchaba teclear detrás del auricular. Que ruido vacío hace el teclado a veces.

 

Mamá me llama para preguntarme dónde estoy. No la dejan entrar con la cartera en el consulado, me está esperando para que la agarre yo. No le dije del choque. No llegué. Corrí a buscarla,  me da todo en la mano y entra. Está de negro como siempre y en la boca tiene un labial violeta. Habla con el guarda como si lo conociera de Ramos Mejía. Ella le habla al guarda. El tipo no la mira, está ordenando la fila. Si la va a esperar, esperela de la vereda de enfrente me dice.

 

El chico que me dio el café se dio cuenta que estaba frío y me lo cambió. Ahí te traigo otro. Pienso que le voy a dejar propina y le sonrío. Le sonrío como si en esa mirada se definiera la final de algún mundial intergaláctico e invisible. Me gustaría abrazarlo pero no lo hago.

 

Abrazo a mis hijos todas las noches. Los abrazo porque se dejan, porque puedo, porque pienso que después de todo mejor que se acuerden que su mamá también los abrazaba.

 

Me siento en el bar en una mesa atrás de una columna. El café ahora sí, está caliente. Abro la compu y me acuerdo que en Japón nunca abracé a nadie.

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