Ese y Gato

Esta es la historia de Ese que en realidad se llama Shuen y cuando vino acá a Buenos Aires lo anotaron bien porque le dieron la compu a él para que se escriba su nombre y él sí sabe su nombre. El tema fue en el supermercado. Ahí cuando le preguntaban su nombre y él contestaba nadie lo pronunciaba bien. ¿Cómo es que no escuchan? Entonces intentó deletrear pero solo llegó a la S. Y ahí empezó. Le decían S o Ese. Algún cliente que escucha mal piensa que se llama Ezequiel, un nombre que suena raro y es muy difícil de pronunciar para Ese. Pero él no los contradice. Sobre nombres cada uno hace lo que puede. Igual a él le gusta este nombre que le quedó. Si extraña su pueblito al sur de Shanghai piensa lo dice con S y si quiere sentirse argentino va con Ese. Y listo. Lo primero es empezar con un nombre, no importa cómo se escriba.
Ese anda siempre con un gato. El gato es de los gatos chinos que son dorados y tienen la manito que se mueve. Pero el de Ese es un poco distinto. Primero que es de tamaño mediano, debe tener unos veinte centímetros aunque nunca lo midió. También tiene la mano levantada pero es fija. No se mueve. Está saludando continuamente. Mirarlo lo hace sentir que está llegando o saliendo de un lugar. Los chicos en el supermercado se ríen porque él lleva a todos lados a Gato. A todos lados.
Pero entonces, ¿esta es la historia de Gato? No, porque los objetos no tienen historia sin que haya un otro que la cuenta. Y Gato no es más que un gato chino de la suerte. El tema es que para que haya suerte también tiene que haber desgracia y eso es lo que pasó justo tres días antes que Ese y su papá se vengan a Argentina. Él había estado practicado cómo decir Argentina e iban a irse junto a un grupo grande en tren a Shanghai y de ahí a Buenos Aires con una parada en un lugar que no se acuerda muy bien pero tres días antes llovió. Mucho. Llovió tanto que la casita que tenían, que era una suma de tres cuartos conectados con una pared que hizo el papá de Ese se inundó. Y el papá sin desesperarse le dijo que agarre algo. Entonces ahí cuando estás con el agua y la mierda hasta la rodilla, mierda literal porque el baño se había tapado y salían del inodoro los soretes y el agua marrón. Cuando estás ahí, ¿Qué haces? ¿Qué agarrás? Bueno, Ese agarró a Gato. Porque tenía que cambiar la suerte.
El papá esa noche durmiendo en el templo que usaron de refugio le dijo que estaba bien. Que el agua purificaba. Que la mierda traía buenos augurios y nunca le dijo nada de Gato porque lo que vos elijas para cambiar la suerte es tuyo y con eso nadie se mete.
Bueno la cosa es que de ese momento Ese y Gato andaban siempre juntos. Cuando se iba al supermercado lo ponía cerca de la caja pero no muy cerca del gato dorado de su papá porque a él no le gustaba. Los objeto de suerte no les gusta cruzarse entre ellos. Los del supermercado se reían inventando por qué Gato iba a todos lados. Ese pensaba que era muy difícil de explicar y sonreía mandandolos a la mierda para adentro. Es más fácil.
Y así estuvieron hasta que vino Yuly. Yuly era hija de otra china que vino en el mismo avión con el papá de Ese. Yuly empezó a trabajar en el supermercado en verano cerca de la góndola de los pan dulces, los turrones y las cajas de sidra. Y Gato la vio venir.
Me gusta eso de que los objetos tienen el peso que van acarreando de las historias. Ese le dio peso a Gato porque fue lo que se llevó cuando se inundó su casa. Gato había pasado mucho tiempo en la tienda de regalos junto a otros gatos idénticos a él. Podés no sentirte especial rodeado de mucha gente como vos lo que sí nunca te vas a sentir solo. Cuando llegó a lo de Ese se sintió solo y simple, eso no está bueno. Cuando vino a Del Viso después de la inundación, el viaje y la llegada a la casita. Gato se sintió solo y especial.
Gato fue el primero que notó que Ese no le daba bola. Obvio que el objeto de deseo nota cuando el deseante está en otra parte. Fue justo la semana que Yuly empezó a trabajar en el supermercado. Si vos le preguntás a Ese qué es lo que más le gusta de Yuly va a decir algo como las terminaciones, lo va a decir en mandarín y lo van a traducir así, las terminaciones inesperadas.
Por ejemplo, los lóbulos de las orejas de Yuly no son redondos sino más bien puntiagudos. Los dientes también, en especial los colmillos y a Ese le hace acordar un dibujito de vampiros que ve su primo y le encanta. Hace poco leí una reflexión de un escritor muy conocido, ¿uno se puede enamorar de una uña? No se si de una uña pero Ese se enamoró de las uñas de Yuly que no terminaban en punta sino que eran redondeadas y no las usaba de colores estridentes como Miguela la cajera sino que las tenía pintadas de clarito. Y se notaba un poco que se juntaba roña en el meñique izquierdo. Uno puede enamorarse hasta de la roña de una uña. Las otras terminaciones de Yuly no las conocía pero se las imaginaba. Un día llovía mucho y se le mojó la remera, Ese apostaba que tenía pezones en forma de estrella de mar. O eso se imaginaba a la noche.
Tardó cuarenta y cinco días en invitarla a algo. Corrección, la primera semana fue de embobamiento, Yuly le parecía graciosa y tan segura. Hablaban poco pero finalmente la invitó. La excusa la había analizado hacía bastante, era algo lo suficientemente liviano para que no sintiera que era una cita y lo suficientemente privado para que si. Habían quedado que el sábado después del turno de Yuly iban a ir a la casa de Ese a jugar al Fortnite.
Tenía cuatro días para planear:
1. qué hacer de comer
2. aprender a matar a alguien en Fortnite
3. qué hacer con Gato
Aclaración punto 1: ¿Chino o argentino? No había visto comer a Yuly más que masticar chicles de banana. Se decidió por poner unos dumplings del super y también agarró una de esas papas que vienen en latas. A Ese le parecían demasiado saladas y pastosas en la boca pero los chicos del super les encantaban aunque solo las compraban cuando empezaba el mes. Puso palitos que su tía le mando desde Shanghai. Y coca cola light.
Aclaración punto 2: En Fortnite se puede ganar escondiéndote muy bien hasta que se matan todos y quedás vivo. Así lo hacía Ese pero imaginó que con Yuly a alguien iba a tener que matar. Preguntó a los chicos y algo le dijeron aunque pensaron que hacía un chiste. Si jugás todos los días, ¿cómo nunca mataste a nadie?
Aclaración punto 3: Gato. Con Gato el cerebro se le aceleraba. ¿Lo pondría al lado de la tele? ¿En el medio de la mesa? ¿Al lado de los sillones? ¿Y Yuly si pregunta? ¿Y si no pregunta? En uno de los escenarios imaginarios Yuly se le reía en la cara. En una pesadilla soñó que Gato se convertía en varón y Yuly se iba con él. ¿Y si le cambia la suerte?
Al final, nada de eso pasó.
Las cosas agarran peso propio por lo que nos pasan con ellas. Ese quería a Gato porque era lo que había salvado de la inundación de su casa, también porque estaba seguro que lo había comprado su mamá y él quería a su mamá aunque hacía mucho que no la veía. Era con la única con la que hablaba 100% mandarín. Por eso Gato no era un gato de la suerte más y eso Ese y Gato lo sabían.
Yuly no pero sí se había dado cuenta que las cosas a medida que las contás también van ganando peso propio. Por ejemplo su abuela siempre le pedía a ella, no a su hermano, que le haga masajes en los pies. Y ella no había notado nada hasta que un dia su amiga del colegio, Malena dijo qué asco, en los pies. Fue eso, tan solo el «qué asco en los pies» para que Yuly sintiera que su abuela la maltrataba, que era una vieja fiaca insoportable y amarreta que le hacía hacer masajes en los pies y solo le daba cincuenta pesos.
Ese día, ese famoso sábado, la abuela de Yuly le había pedido sus clásicos masajes y Yuly dijo que si con la sonrisa más falsa que pudo encontrar. E hizo una cosa, en vez de ponerle la crema de Juss que la tía vendía le puso pasta dental. La abuela no ve bien y Yuly se divirtió. Aunque cuando terminó la abuela le dio cien pesos esta vez, «los hiciste muy bien». Se lavó las manos y se acordó que en un rato iba a lo de Ese. Yuly le dijo de ir por una sola cosa: Fortnite. Su mamá no quería que juegue pero su hermano si podía jugar. Le parecía una boludez gigante y a su vez era en lo unico que podia pensar. Había jugado a escondidas algunas veces pero esta era la oportunidad para practicar y poder jugar con su hermano. Y ganar. Se cambió la remera, se soltó el pelo y se lo cepilló diez veces como decía su mamá. Cuando terminó se dio cuenta que eso también era una boludez y lo iba a dejar de hacer. A la mierda con mamá. Y salió.
Ya pasó bastante tiempo de esa tarde y si juntamos lo que se acuerda cada uno de lo que pasó algunas cosas son muy distintas.
Por ejemplo, Ese se acuerda que lo primero que hizo Yuly cuando entró fue reírse de Gato que estaba arriba de la tele. Es como si hubiera cagado una pantalla dijo y estalló de risa. A Ese no le causó y se fue a la cocina a buscar lo que había preparado.
Yuly se acuerda del gato y del chiste pero si le preguntás qué es lo primero que se le viene a la cabeza de esa tarde va a ser que Ese no sabia jugar muy bien al fortnite y eso estuvo genial porque jugaron en squad, en grupo y ganaron. Y aunque festejaron los dos, ella sabe que ganaron porque el último lo mató ella. Y eso estuvo genial.
Genial para Ese fue que Yuly en vez de usar palitos agarrara los dumplings con tenedor y que no le pusiera salsa de soja sino ketchup y quedaban mucho mejor.
Esperen se están olvidando de lo que los dos recuerdan bien:
¡Gato!
¡Perro!
Voy a contar yo porque sino esto se enreda mucho. El perro de la vecina se escapó y entró por atrás justo cuando habían terminado la partida y estaban festejando. Ese abrió una botella de vidrio de coca cola y Yuly agarró el tenedor para comer los dumplings, nadie vio el perro y apenas entró empezaron a gritar. Semejante animal negro y alto entrando, Yuly gritó, Ese saltó, el perro ladró, la tele se movió y Gato se cayó.
S E C A Y Ó.
Para Ese ese accidente pasó en cámara lenta. La cara desorientada de un gato de cerámica rodando hacia el piso muy despacito.
Para Yuly pasó en un segundo. En un segundo estaba festejando y en otro segundo veía a Ese ponerse pálido mientras el gato estallaba en el piso.
Silencio. Sacar el perro. Barrer los restos. Y después, el olor.
Todos recuerdan el olor fuerte a La gotita mientras pegaban de a poco los pedazos de Gato que ahora tenía otra mueca, más que mueca, cicatrices que lo atravesaban. Era un gato que había vivido una vida y entraba a la otra más sabio, más roto, más calmado.
El olor del aliento de Yuly mezcla de ketchup y coca cola que lo mareaba y lo volvía loco a Ese.
Y el olor de Ese mezcla de AXE el nuevo que había sacado del supermercado con su piel, un olor que no era AXE, no era transpiración pero si la mezcla de todo eso. El olor Ese como le puso Yuly.
¿Pueden los olores tener peso? ¿O el peso está en el recuerdo que quedó anexado al olor? Esa noche Yuly pensó que si practicaba un poco más le iba a poder ganar a su hermano. Ese pensó que Gato siempre le trae buena suerte. Y Gato, bueno Gato está arriba de la tele mirando el piso pensando que ojalá hubieran encontrado la última pieza que faltaba y así volvería a tener los dos ojos y no uno vacío.

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